LIDERAZGO PARTICIPATIVO es una iniciativa de Anel

Motivación, cambio y liderazgo participativo: una formación para activar las fuerzas que nos mueven

Por Maria josé Vivar

En el marco del programa Lidera, impulsado por el Servicio Navarro de Empleo – Nafar Lansare (SNE-NL) para fortalecer las competencias del personal directivo, técnico y empresarial en Navarra, ANEL ha liderado una formación que invita a repensar el liderazgo. Bajo el título “Descubre tus motivadores clave y define tu propósito para liderar con pasión y claridad”, esta propuesta no solo ofrece herramientas, sino que abre espacios de reflexión sobre lo que nos impulsa, cómo gestionamos el cambio y qué significa, hoy, liderar con autenticidad, energía y participación.

En un contexto organizacional marcado por la transformación continua, la presión por adaptarse y la necesidad de sostener el compromiso en los equipos, la motivación emerge como un eje clave del liderazgo participativo. Bajo esta visión, se ha desarrollado esta formación, con el objetivo de que las personas líderes puedan conectar con sus fuerzas internas y liderar procesos de cambio de manera más consciente, participativa y efectiva.

Lejos de entender la motivación como un concepto abstracto o meramente emocional, la formación se centró en identificar y activar las fuerzas impulsoras personales y colectivas, entendidas como aquellos elementos que realmente movilizan el comportamiento humano. Comprender qué nos impulsa no solo permite aumentar la eficacia, sino también sostener la energía en escenarios complejos y conectar con el propósito más profundo del liderazgo.

Una de las claves de la sesión fue ayudar a las personas participantes a reconocer sus motivadores clave, aquellos principios o valores que, cuando están presentes en el entorno laboral, disparan el compromiso, el foco y la energía. Se abordaron motivadores como el logro, la pertenencia, la autonomía, el desarrollo personal, el impacto o el reconocimiento, entre otros. Esta toma de conciencia permitió a los participantes entender por qué se comprometen en unos contextos y no en otros, y cómo esta dinámica se traslada también a los equipos que lideran.

Trabajar sobre la motivación de forma estructurada permitió también abordar el riesgo de la desmotivación crónica o del liderazgo mecánico. Cuando una persona líder actúa desconectada de sus motivadores, puede mantener la forma, pero pierde el fondo: disminuye la inspiración, aumenta la resistencia interna y se debilita su capacidad de influir en otros.

En esta línea, otro de los focos fundamentales de la formación fue la gestión del cambio. Se abordó el proceso de cambio no como un evento puntual, sino como una dinámica constante en las organizaciones. Y se analizó qué ocurre cuando las personas se enfrentan a lo nuevo: la aparición de resistencias internas, bloqueos emocionales, mecanismos de defensa o simplemente inercia.

A través de ejercicios vivenciales y ejemplos reales, las personas líderes pudieron reconocer cómo la falta de alineación con sus propios motivadores puede ser una fuente de resistencia al cambio, tanto en ellas como en sus equipos. Se trabajaron herramientas para identificar estas resistencias no como obstáculos personales, sino como señales clave que requieren escucha, comprensión y liderazgo empático.

En este sentido, se abordó la idea de que las resistencias no se superan con presión, sino con conexión: conexión con el propósito, con el sentido de los cambios propuestos, con los valores compartidos y con las necesidades de las personas implicadas.

Uno de los aprendizajes centrales de la formación fue que la motivación no se impone, se trabaja día a día. Y para ello, el liderazgo necesita ser participativo. Se trabajó sobre las bases del liderazgo participativo, entendido como una forma de liderar que no parte de la autoridad jerárquica, sino de la capacidad de generar espacios de confianza, escucha y co-creación.

Las personas participantes reflexionaron sobre cómo fomentar la implicación activa de sus equipos en los procesos de cambio, cómo comunicar desde la transparencia, cómo legitimar las emociones de resistencia sin reforzarlas, y cómo favorecer la autonomía como palanca de motivación. Y es que, cuando una persona líder se conecta con lo que realmente le impulsa, puede sostener el cambio no desde el esfuerzo continuo, sino desde el sentido. Y ese es el punto de partida para construir equipos más motivados, resilientes y comprometidos.

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