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«El Poder de la Elección: Herramientas para una Toma de Decisiones Extraordinaria»

Por Alberto Pardo

Nuestras vidas son la suma de nuestras decisiones. Cada minuto, cada día, tomamos una infinidad de pequeñas y grandes decisiones que pueden cambiar el curso de nuestra carrera profesional o de nuestra vida. A fin de cuentas, nuestro éxito depende de lo acertadas o no que sean las elecciones que hacemos.

El proceso de toma de decisiones

Muchas decisiones son un intento de no cometer errores. Existen métodos y procesos racionales que nos aconsejan cómo evitar el exceso de confianza o estructurar el pensamiento. No obstante, un enfoque exclusivamente racional limita la creatividad y subestima la intuición, pese a que ambos son ingredientes tan necesarios para una toma de decisiones adecuada como lo es la razón.

Paralelamente a esto. otro gran obstáculo para una toma inteligente de decisiones es el miedo al riesgo. Muchas veces, no arriesgarse equivale a dejar pasar una buena oportunidad, y no fallar supone perder la ocasión de aprender del error.

Consejos para tomar decisiones extraordinarias

Un primer consejo viene dictado por el sentido común: nunca tomar decisiones trascendentales cuando nos encontremos agotados, cansados o sin haber dormido bien.

Nunca debemos olvidar que nuestro estado físico afecta a nuestra capacidad intelectual.

Decidir bien y decidir rápido no es posible si antes no hemos tomado cierta distancia, si no hemos imaginado cómo sería nuestro mundo tras una decisión diferente y hemos comparado una visión con otra.

Es difícil abordar una decisión en serio hasta que no imaginamos sus implicaciones concretas.

Muchas decisiones nos parecen acertadas en abstracto, pero resultan desastrosas una vez llevadas a la práctica. Por eso es importante imaginarlas con concreción antes de que se conviertan en tales.

No hay que olvidar que existen diferentes estilos de adoptar decisiones, pero ninguno de ellos se da en estado puro.

A la hora de hacerlo, las personas se muestran más intuitivas que racionales o más flexibles que rígidas, o viceversa.

Reconocer nuestro propio estilo y el de otros, nos facilita la elección del más adecuado para un determinado momento y situación.

Así, aunque tomemos una decisión por intuición, debemos intentar justificarla con argumentos racionales si aquellos a los que afecta suelen tomar decisiones de manera lógica.

Aprender de nuestros errores

En general, tendemos a obviar las decisiones fallidas que no tuvieron consecuencias desastrosas y a fijarnos de manera obsesiva en aquellas que sí las tuvieron.

No sólo debemos aprender de nuestros propios errores, sino también de los de los demás.

Todo el mundo ha pecado alguna vez o peca del exceso de confianza en sí mismo. Normalmente, no somos tan inteligentes como creemos. La perspectiva que adoptamos ante una situación o acontecimiento puede limitar nuestra comprensión y la capacidad de encontrar soluciones.

Al tomar una decisión, debemos siempre intentar tomar en consideración todos los factores necesarios para su éxito, ver

También hay que saber cuánta información se necesita y cuánto se puede esperar hasta tener que actuar. No se trata de ser perfecto, sino de saber lo suficiente para poder dar el paso.

En lugar de dejar que nuestras decisiones sucedan por sí mismas, debemos asegurarnos de ser los protagonistas de las mismas. De esa manera no renunciamos a nuestra capacidad de tomarlas ni al control sobre nuestro propio destino.

Las decisiones en grupo, los deseos de armonía y unanimidad pueden perjudicar nuestra capacidad de pensar detenidamente e impedir que surjan conflictos capaces de revelarnos aspectos destacados de un problema, y así cuestionar nuestras decisiones.

Por todo esto, debemos ser conscientes permanentemente del efecto que pueden tener las emociones, y en especial las negativas, para no permitir que obnubilen nuestro juicio cuando estamos frente a una decisión.

Por último, es posible que una decisión se nos presente en forma de atractivo atajo. En ese momento debemos poner una especial atención en examinar todos los puntos débiles y los riesgos potenciales de la misma, antes de precipitarnos a adoptarla como la opción definitiva.

Feliz Verano

Alberto Pardo Fernández

Formador-Consultor

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